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sábado, octubre 26, 2013

EL VIAJE SIN CAMBIO

El viaje como fuente de cambio, no sólo espacial y de costumbre, sino sobre todo y ante todo personal, es un tópico narrativo ampliamente explotado. Diferentes recorridos a lo largo de diferentes espacios consiguen en unos casos la maduración y en otros el cambio en los protagonistas de esos viajes.

En los tiempos modernos, donde los viajes son tan comunes, ese cambio no se produce o no de una manera tan cierta como se produce en las ficciones narrativas o incluso en los diarios de los viajantes antiguos. Las culturas desconocidas por entonces, los paisajes misteriosos y el tiempo que se invertía en cada viaje, nada que ver con lo actual, hacen que esos cambios sean ahora tan difíciles.

El viaje como aventura que varía el estado personal es difícil de encontrar en las narrativas modernas. Sólo en casos muy extremos (viajes que acaban mal, experiencias próximas a la muerte, contacto con culturas en pésimas condiciones de vida) esos viajes suponen un cambio para los viajantes. El efecto más normal es de la sorpresa, el de querer verlo todo, con un afán escrutador difícilmente explicable.

De ahí que la narrativa de viaje como la entendemos esté alejada de los tiempos modernos. Cuando se incluye en una narración siempre se va al pasado, casi siempre es en novelas históricas, donde los protagonistas pueden variar su forma de ser al conocer y vivir experiencias que no pensaban.

Las estrellas, ahora, son las guías de viaje. Qué ver en cada lugar. Qué tomar y qué comer. Dónde ir. Cuáles son las costumbres e incluso las vestimentas que nos permitirán sentirnos uno más en el lugar que visitaremos. Desvelando los secretos y los misterios de los lugares. Mostrando de antemano lo que veremos y oiremos, lo que haremos.

Ese conocimiento de antemano hace además que lo importante no sea el viaje, sino los objetos de este: los monumentos o museos o cosas que veremos, las plazas y los bares que recorreremos, las cervezas que tomaremos, sin apreciar que es el movimiento, el cambio de lugar y de tiempo, de idioma y costumbres, lo que debería producirnos el cambio, el descubrimiento interno.



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