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domingo, octubre 12, 2014

RUMBA Y TRISTEZA: MIGUEL BENÍTEZ


La rumba es un ritmo alegre, que invita a bailar, a la felicidad. Pero tiene, sin embargo, un fondo triste, un fondo trágico que contrasta con su ritmo. Unas historias tristes que se cuentan con una música alegre, eso es la rumba muchas veces, la más triste de las músicas.

Miguel Benitez, una de los componentes de Los Delinquentes, es el ejemplo de esa dualidad triste y alegre de la rumba. Sus canciones, cada vez más oscuras, más negras, mostraban no sólo su vida, sino también toda la tristeza que vivir conlleva.

Chinchetas en el aire, Poeta encadenado o El aire de la calle muestran esa tristeza que puede esconder la rumba, esa biografía íntima que escribió Miguel de su vida y de lo que escondían sus sentimientos y su realidad.

Una vida en la que el amor es triste, porque no puede resolver la soledad absoluta del hombre, la soledad con la que nace y con la que muere. El ansia de libertad, la búsqueda de una vida acorde con lo que necesita de manera natural la personalidad de un hombre, son constantes en la obra de Miguel.

Y todo suele acabar en una gran frustración, en una tristeza que va mucho más allá de la puntual pérdida del amor o de la falta de dinero, una frustración que va más allá, que va hacia la verdad misma de la vida, una verdad que no puede satisfacer al hombre.

Problemas existenciales, que Miguel sabe expresar con viveza, con imaginación, con las palabras que los demás no saben poner a su vida. Así creó Miguel una obra que habría sido mucho más grande si no hubiera muerto prematuramente.

Una obra triste que sabía recubrir con alegría, mostrando así la paradoja que el es mundo, la antítesis entre vivir y sentir, entre vivir y pensar. La misma paradoja que muestra la rumba muchas veces, historias tristes y música alegre. Bailar mientras se llora. Y seguir cantando en medio de la noche.


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